Soledades, almas que se cruzan pero no se ven.
La pena en los ojos, las arrugas en la piel. Saberse sin destino y aun así buscarlo. Sucede. No hay espacio ni tiempo que nos
evite caminar por esta vida sufriendo.
No hay lugar que nos proteja de las heridas cuando éstas son del
alma. No hay pueblo o ciudad cuando el
cuerpo deja lugar a la esencia. Cuando nuestro ser respira.
Encontrar la certeza de esa imposibilidad en
un paisaje, en sus colores y sus formas.
Descubrirlo en una mirada, en el profundo color negro de unos ojos
pequeños. Sentirlo cuando el sol,
fuerte, penetrante, absurdo, te llega
hasta los huesos. Saber que es ese mismo
sol el que los forjó a ellos, los que están ahí, en el norte, ofreciéndome
ahora estas sensaciones.