Contramano

Ruben va.  No sabe hacia dónde.  Cada mañana elije un camino en esa inmensidad que lo rodea.  Cada tarde regresa, escoltado por colores y vientos.  Ruben va, sin rumbo.  

A veces el mundo le grita que va en sentido contrario.  Él sigue, sabiéndose sabio.  Ruben tiene ya muchos años.  La espalda doblada de tanto trabajo.  La frente surcada, los ojos pequeños.  Toda su vida transcurrió entre montañas.  La gente, los otros, los que llegan y se van, mucho no le importaron.  A Ruben le enseñaron que la vida es sacrificio. Mirar para abajo. Pero cada tanto, él alza la vista y su alma inquieta descubre el infinito.  Sigue caminando, observando el piso, las manos colgando.  Continúa su paso por el camino cansado.  Pero cada tanto, él se detiene, observa.  Sabe que aquellos que vienen y van, los que no miran para abajo y saben poco de sacrificios,  quienes creen conocerlo todo sólo porque llegan de lugares lejanos, ellos, son los que van en sentido contrario.