Ilusión

Esconderse. Huir de la vorágine. Encontrar calma.
Será ahí? Será entonces?  Sabía que esas preguntas nunca dejarían de perseguirlo.  Como el tiempo.  Tiempo que corre, que se escapa y  duele.  En él todo es sufrimiento.  Angustia y soledad.   Ni el pozo más profundo, ni el más alto de los árboles.  Planicie, pura y llana. Planicie que no sirve, que no aguanta. Estúpida planicie.
Esconderse. Huir de la locura.  Encontrar armonía.
Hacia dónde?  Hacia cuándo?  No existía un ahora que lo conforme.  Nunca hubo un mañana que lo contenga. Ni el pasado más lejano, ni el futuro menos certero.  Espacio, vacío y amargo. Espacio que lo oprime. Tenebroso espacio.

Y la nada, que lo espera.  Armoniosa y calma.

Contramano

Ruben va.  No sabe hacia dónde.  Cada mañana elije un camino en esa inmensidad que lo rodea.  Cada tarde regresa, escoltado por colores y vientos.  Ruben va, sin rumbo.  

A veces el mundo le grita que va en sentido contrario.  Él sigue, sabiéndose sabio.  Ruben tiene ya muchos años.  La espalda doblada de tanto trabajo.  La frente surcada, los ojos pequeños.  Toda su vida transcurrió entre montañas.  La gente, los otros, los que llegan y se van, mucho no le importaron.  A Ruben le enseñaron que la vida es sacrificio. Mirar para abajo. Pero cada tanto, él alza la vista y su alma inquieta descubre el infinito.  Sigue caminando, observando el piso, las manos colgando.  Continúa su paso por el camino cansado.  Pero cada tanto, él se detiene, observa.  Sabe que aquellos que vienen y van, los que no miran para abajo y saben poco de sacrificios,  quienes creen conocerlo todo sólo porque llegan de lugares lejanos, ellos, son los que van en sentido contrario.

Soledades

Soledades, almas que se cruzan pero no se ven. La pena en los ojos, las arrugas en la piel.  Saberse sin destino y aun así buscarlo.  Sucede. No hay espacio ni tiempo que nos evite caminar por esta vida sufriendo.  No hay lugar que nos proteja de las heridas cuando éstas son del alma.  No hay pueblo o ciudad cuando el cuerpo deja lugar a la esencia. Cuando nuestro ser respira.  

Encontrar la certeza de esa imposibilidad en un paisaje, en sus colores y sus formas.  Descubrirlo en una mirada, en el profundo color negro de unos ojos pequeños.  Sentirlo cuando el sol, fuerte, penetrante, absurdo,  te llega hasta los huesos.  Saber que es ese mismo sol el que los forjó a ellos, los que están ahí, en el norte, ofreciéndome ahora estas sensaciones.