El humo
se movía en el aire, convirtiéndose a cada segundo en una nueva y maravillosa
escultura etérea, amorfa, sin más significado que su belleza misma. Sin
alusiones ni compromisos. Simplemente movimiento. Observaba esos instantes
de hermosura. El ángulo perfecto entre la luz y el sahumerio encendido buscando
relajar pensamientos. Las infinitas posibilidades de haberlo ubicado más
lejos o más cerca, de haberlo hecho antes o después de que ese preciso rayo de
luz traspasara de esa forma exacta, indescriptible, el vidrio de su ventana. Las
infinitas posibilidades que lo trajeron hoy, ahora, a estar observando ese
instante. Se preguntaba por todo eso mientras sentía el placer
que le ocasionaba estar descubriendo la belleza en algo tan simple como esa
escena de domingo. La tarde, el sol, el
humo, nada más. La perfección de ese momento que segundos antes había estado
teñido de dolor y tristeza. Inexplicables, como siempre, y por lo mismo tan
duros. Porque antes, claro, antes era todo dolor. Antes
no había maravillas descubiertas ocasionalmente en el vidrio de una ventana. Pero
ahora, ahora que sí existían esos instantes de inmenso regocijo, que en algunas
oportunidades habría querido llamarlos felicidad, ahora entonces, esa constante
nube de insatisfacción le resultaba aún más pesada. Esa falta de esperanza le
oprimía el pecho sin dejarlo respirar. Vivir
sumido en la rutina de no apreciar el humo de un sahumerio solía ser más fácil,
más cómodo. Con toda la tremenda amenaza que lo fácil y lo
cómodo implican para la vida. Ahora, que después de mucho tiempo, mucha
monotonía y absurdo sufrimiento, se permitía apreciar de otra forma la vida, la
alegría posible, esos momentos del pasado se le hacían más pesados, menos
llevaderos. Entonces detuvo la contemplación y descubrió que
su admiración hacia el humo escondía, en el fondo, una fuerte envidia. Por su
simpleza, por su belleza despojada, pero sobre todo, por su capacidad de cambio
y movimiento.
Sahumerio
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Presento en este espacio mis trabajos de pintura, dibujo. Estas son mis obras y están para ser vistas, compartidas o adquiridas. También trabajo por encargo y asesoro sobre estilos, técnicas y tamaños. Visitá mi página Facebook/NatZimmermannArte y encontrá mis pinturas en Mercado Libre.
Es necesario disgregarse
Dos personas enfrentadas sin hablar. Una adolescente leyendo con atención. Dos niños caminan por la vereda, cruzan la
calle. Una chica repasa sus apuntes de estudio. Tres mujeres charlan, dos hombres no se
entienden. La moza le lleva un café a un viejito de mirada triste, la
espuma del espresso se deja ver en el vaivén de su andar. Una señora
pequeña, con tapado rojo y paso lento, lleva flores. Una figura se duplica en
el reflejo del vidrio, sentada, fumando.
Soy yo. Me fui. Salí de mí.
Soy una más entre todos. Juntos, separados, solos, acompañados. La vida
pasa entre estas mesas, por estas calles, en este lugar del mundo. Desde
afuera la veo suceder y la siento, como nunca antes, en cada poro de mi
cuerpo.
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