Paralelismo

La ventana entreabierta invitaba a pasar el silencio de la noche fría.  Un aire entrecortado llenaba la habitación en penumbras.  Apenas perceptible una suave música recorría el espacio.   Las palabras fluían y las risas volaban.   El humo anticipado los envolvía.  Los minutos pasaban, las miradas se cruzaban, se sentían.   
Afuera, una inmensa luna recortaría los contornos de la estación cercana.  Bajo su protección aquellos viejos sin destino beberían su vida.  El reflejo de la luz en los durmientes devolvería sin dudas un brillo tramposo.  La brisa nocturna haría volar un papel arrugado, olvidado. 

Y los ojos se acercaban.  Y los autos se detenían.  Los brazos se entrelazaban, temblorosas se buscaban las manos.  Los árboles se estremecían.  Las bocas se buscaban.  El piso temblaba, afuera, adentro.  La estación esperaba.  Y el tren la empapó con su fuerza fugaz en el instante preciso en que los cuerpos se fundían, atravesándolos de energía.  Fijando para siempre ese momento infinito.   Mientras que afuera, el tiempo fluiría.